LA OFICINA DE SILBATOS DE EMERGENCIA MULTA A QUIEN GRITA ANTES DE RELLENAR EL FORMULARIO

Por Rex Reverber, transmitiendo con un silbato confiscado, dos pulmones sin homologar y una fe administrativa que se me escapa por las juntas.

Atencion, vecinos de Pitorro Seco, caminantes con sustos pendientes y ciudadanos que todavia creen que una emergencia empieza cuando algo explota. La Oficina de Silbatos de Emergencia ha anunciado una nueva normativa: queda prohibido gritar, avisar, chillar, alertar, berrear o emitir sonidos de panico superiores a tres segundos sin haber rellenado previamente el formulario A-uu-17, conocido popularmente como «Solicitud de Alarma Oral Preventiva».

La medida nace, segun el concejo local, para ordenar el caos acustico del asentamiento. Durante los ultimos meses se han registrado falsas alarmas por radcucarachas en despensas, sombras con mala postura, puertas que se cerraban solas y un anciano que gritaba «fuego» cada vez que recordaba su primer matrimonio. La Oficina sostiene que el problema no son las emergencias, sino su falta de presentacion documental.

La directora provisional, Prudencia Chiflato, comparecio tras una ventanilla blindada con una caja de silbatos, tres sellos y la expresion de quien ha sobrevivido a una auditoria y ya no teme a los saqueadores. «El grito espontaneo genera incertidumbre», declaro. «Un grito registrado, numerado y archivado permite saber si estamos ante incendio, mutante, deuda, aparicion religiosa o simple entusiasmo mal colocado».

El procedimiento es sencillo, si uno lo compara con desactivar una mina usando una cuchara. Primero, el ciudadano debe identificar el tipo de alarma: peligro inmediato, peligro aproximado, peligro heredado, peligro sentimental o peligro que aun no ha pasado pero ya se nota en las encillas. Despues debe seleccionar volumen, direccion del grito, numero estimado de testigos y si el sonido incluye nombres propios. Los nombres propios tienen recargo.

Los primeros ensayos han sido, en palabras oficiales, prometedores y, en palabras de la gente que corria, bastante inutiles. Ayer por la tarde una jauria de perros con mascara de gas entro por la puerta norte mientras los vecinos hacian cola para obtener permiso de silbar. Cuando el funcionario llego al apartado «descripcion breve del desastre», los perros ya habian robado dos sacos de alubias, un zapato izquierdo y la dignidad defensiva de la plaza.

La Oficina niega responsabilidad. Argumenta que varios vecinos gritaron sin esperar turno, creando una situacion de panico no trazable. Se han impuesto nueve multas por alarma irregular, dos por silbato fuera de tono y una a un muchacho que intento avisar golpeando una cacerola sin licencia de percusion civica. La cacerola ha quedado retenida como prueba y, segun testigos, suena triste.

Como suele ocurrir cuando la supervivencia tropieza con la burocracia, han surgido negocios auxiliares. Un escribano alquila formularios ya medio asustados. Un mecanico vende silbatos con contador de chapas. Una mujer muy seria ofrece clases de grito compacto para reducir tasas: tres silabas, maxima angustia, minimo papeleo. Tambien circulan formularios falsos impresos sobre piel de gecko; se reconocen porque prometen «tramite inmediato», una frase mas peligrosa que cualquier criatura nocturna.

Los medicos locales advierten que reprimir un grito puede causar presion toracica, mareo, mordiscos no comunicados y acumulacion de poesia en personas vulnerables. La Oficina responde que todo ciudadano puede solicitar un grito retroactivo dentro de las primeras cuarenta y ocho horas posteriores al ataque, siempre que conserve la factura, el miembro mordido o un testigo con letra legible.

Desde esta frecuencia recomendamos prudencia, pulmones entrenados y una copia del formulario en el bolsillo izquierdo, lejos de cuchillos, sopa y decisiones romanticas. Si ven fuego, rellenen rapido. Si ven un mutante, marquen la casilla de fauna imprevista. Si ven a un funcionario corriendo antes que ustedes, consideren eso autorizacion verbal de emergencia y griten como si el mundo todavia tuviera orejas.

La Oficina promete revisar la normativa en cuanto reciba suficientes quejas por escrito, selladas, duplicadas y no carbonizadas. Hasta entonces, recuerden: en el yermo, pedir ayuda puede salvarles la vida, pero pedirla correctamente puede costarles media manana. Y si el peligro no espera al sello, al menos procuren que su ultimo grito tenga buena diccion.