EL SEMAFORO MUTANTE DE CRUCE CENIZA COBRA PEAJE POR MIRAR A AMBOS LADOS

Por Rex Reverber, transmitiendo desde una esquina donde el rojo significa pare, el verde significa corra y el amarillo significa negocie con la infraestructura.

Atencion, caminantes, caravaneros y ciudadanos que todavia practican esa vieja supersticion llamada cruzar por donde toca. El unico semaforo operativo de Cruce Ceniza ha desarrollado criterio propio, ha comenzado a cobrar peaje a los peatones y, segun varios testigos, exige una disculpa formal cada vez que alguien mira a ambos lados sin pedir permiso.

El aparato, instalado antes de la guerra en una avenida que ya no lleva a ninguna parte reconocible, llevaba decadas parpadeando en amarillo con la dignidad cansada de un funcionario abandonado. La situacion cambio el martes, cuando una tormenta ionizada desperto el transformador enterrado bajo la acera y el semaforo empezo a alternar luces, pitidos y pequenas amenazas en codigo morse.

La primera victima administrativa fue Melba Carril, vendedora de sopa seca, que intento cruzar empujando un carrito con tres ruedas y media. El semaforo se puso en rojo, emitio un chasquido y desplego una barrera hecha con cables, alambres y una matricula oxidada. Luego encendio una luz azul no homologada y exigio dos chapas por uso contemplativo del paso.

Desde entonces, la esquina se ha convertido en un punto caliente de movilidad, comercio y humillacion urbana. Para cruzar hay que depositar una chapa, declarar destino, justificar la prisa y prometer que no se usara la otra acera para actividades subversivas como descansar, comprar pan o empezar una vida nueva. Quien intenta pasar sin pagar recibe una descarga leve en los cordones y una leccion de civismo emitida por un altavoz que solo sabe pronunciar la palabra imprudencia.

El Consejo de Cruce Ceniza ha enviado a un tecnico municipal, dos electricistas autodidactas y una mujer que asegura haber estado casada con un semaforo en sueños. Ninguno ha logrado apagarlo. El tecnico afirma que el aparato ya no funciona con electricidad, sino con resentimiento vial acumulado. Los electricistas creen que alguien conecto el circuito a una vieja caja registradora. La mujer, por su parte, pide respeto: dice que el semaforo solo quiere que lo miren antes de ignorarlo.

La comunidad se divide. Los comerciantes celebran que la gente haga cola justo delante de sus puestos. Los ancianos aseguran que, por fin, los jovenes aprenderan disciplina antes de ser atropellados por cosas mas grandes que ellos. Los caravaneros estan furiosos porque el semaforo tambien cobra a las brahmin, aunque aplica descuento si el animal mira con tristeza suficiente.

Han surgido negocios auxiliares, como era inevitable. Un muchacho vende fichas falsas de paso que funcionan hasta que el semaforo las huele. Una costurera alquila chalecos reflectantes bendecidos contra multas. Un predicador sostiene que las tres luces representan nacimiento, deuda y arrepentimiento, en ese orden. El yermo tiene muchas religiones, pero pocas tan faciles de entender como una que cambia de color antes de arruinarte.

El mayor problema llego ayer, cuando el semaforo se nego a ponerse verde durante seis horas. La cola alcanzo el pozo comunal, dio la vuelta a una estatua sin cabeza y termino formando una pequena sociedad con normas, moneda propia y un himno compuesto a golpes de lata. Cuando por fin se encendio la luz verde, nadie cruzo. Ya habian desarrollado apego al lado equivocado.

Las autoridades recomiendan no insultar al semaforo, no intentar sobornarlo con pilas viejas y no mirar fijamente la luz roja si uno arrastra culpas pendientes. Tambien recuerdan que cruzar fuera del paso sigue siendo legal, pero solo porque fuera del paso hay minas, perros con mala memoria y un cartel que dice BIENVENIDO A LA DECISION PERSONAL.

Desde esta frecuencia sugerimos paciencia y calzado aislante. Si una maquina vieja pide respeto, quizas no sea sabiduria: quizas solo sea chatarra con complejo de alcalde. Pero en Cruce Ceniza, donde casi todo lo que regula la vida esta roto, un semaforo que todavia intenta ordenar el caos se ha ganado, como minimo, el derecho a parpadear con autoridad.

Seguiremos informando si el aparato acepta abonos mensuales, si funda una oficina de trafico o si alguien descubre por que demonios una calle sin coches necesita tanta obediencia. Hasta entonces, miren a ambos lados, paguen solo si la luz les mira primero y recuerden: en el yermo, incluso cruzar la calle puede convertirse en una relacion contractual.