Por Rex Reverber, con un destornillador que no arregla nada desde 2041 y una factura que conserva mejor los recuerdos que la gente.
Atención, caminantes del polvo, manitas del yermo y ciudadanos que guardan una radio rota porque todavía recuerda una voz: el Departamento de Reparaciones ha anunciado una nueva normativa que prohíbe arreglar objetos sin presentar antes una licencia de nostalgia. La medida pretende impedir que los supervivientes restauren máquinas, muebles y cacharros sin declarar qué parte de su pasado esperan recuperar con cada tornillo.
La orden comenzó a aplicarse en Vado Torcido después de que un mecánico reparase una cafetera oxidada y su propietaria pasara tres días esperando que también regresara la cocina que había tenido alrededor. El funcionario encargado consideró que aquello constituía “reparación emocional no autorizada” y ordenó precintar el aparato hasta que la mujer demostrara que echaba de menos el café, la habitación o simplemente la costumbre de quemarse la lengua por las mañanas.
Desde entonces, cada objeto debe pasar una inspección sentimental. Las radios antiguas requieren indicar qué voz se espera oír. Las puertas sin pared deben declarar a qué casa creen pertenecer. Los relojes detenidos necesitan justificar por qué conservan una hora concreta. Incluso las cucharas dobladas han sido clasificadas como “utensilios con memoria de uso”, una categoría que obliga a presentar dos testigos y una descripción detallada de la sopa que dejaron de remover.
El formulario 7-N, conocido como Solicitud de Nostalgia Aplicada, pregunta si el propietario desea recuperar el funcionamiento, el significado o ambas cosas. También exige marcar el nivel de riesgo: recuerdo agradable, melancolía manejable, tristeza con tendencia a gotear o pasado que podría abrirse paso por las juntas. La casilla de “solo quiero que funcione” existe, pero los inspectores la consideran sospechosa.
Los talleres privados han reaccionado con prudencia. Algunos ofrecen reparaciones sin preguntas a cambio de una tasa adicional. Otros venden piezas nuevas con recuerdos de fábrica, aunque nadie ha conseguido explicar qué significa eso. En el mercado de Chapa Clara se han popularizado los martillos terapéuticos, las llaves inglesas de duelo y un servicio de restauración rápida para personas que no quieren recordar por qué conservan un objeto, pero tampoco se atreven a tirarlo.
La población está dividida. Los defensores de la norma dicen que reparar sin cuidado puede despertar fantasmas, deudas y cenas familiares que ya no existen. Los detractores sostienen que el yermo ya cobra bastante por sobrevivir como para cobrar también por mantener una tostadora. Una anciana entregó una radio sin antena y declaró: “No quiero que vuelva el pasado. Solo quiero saber si todavía puede mentir con la misma estática”. El inspector anotó la frase como defecto técnico.
El Departamento niega que la licencia sirva para controlar los recuerdos. Asegura que solo pretende ordenar un sector caótico y evitar que cada ciudadano convierta una bisagra en un monumento. Sin embargo, sus archivos ya incluyen reparaciones de zapatos que pertenecieron a muertos, fotografías sin rostros y una caja vacía cuyo dueño insiste en que contiene el sonido de una puerta cerrándose.
Desde esta frecuencia recomendamos reparar lo que pueda repararse, guardar lo que todavía tenga sentido y no exigirle a una máquina que devuelva una vida entera por el precio de una arandela. Si un objeto conserva una historia, trátelo con cuidado. Y si no funciona, quizá no esté roto: quizá solo sea la única forma que encontró el pasado de seguir haciendo ruido.