EL MINISTERIO DE LA SED MULTA A LOS POZOS QUE DESPERDICIAN AGUA AL SOÑAR
Por Rex Reverber, con los labios secos y una factura que pesa más que el cubo.
Atención, caminantes del polvo, agricultores de raíces mutantes y ciudadanos que todavía distinguen una gota de una lágrima: el Ministerio de la Sed ha iniciado una campaña de inspección contra los pozos que desperdician agua mientras duermen. La nueva ordenanza considera falta administrativa que un pozo gotee durante sus sueños, tenga pesadillas con inundaciones o produzca humedad imaginaria sin licencia de aprovechamiento.
La operación comenzó en Pozo Quieto, donde una funcionaria descubrió que el viejo pozo comunal dejaba caer tres gotas cada madrugada, siempre a la misma hora y siempre después de que alguien mencionara la palabra lluvia. El líquido no llegaba a formar un charco, pero sí una mancha oscura del tamaño de una promesa. El Ministerio abrió expediente por «evaporación sentimental» y precintó la brocal hasta que el pozo presentara una declaración de intenciones.
Según el formulario oficial, cada pozo debe indicar cuánta agua conserva, cuánta recuerda y cuánta cree que podría haber tenido en una vida mejor. También debe declarar si sus goteos nocturnos proceden de una fuga, un sueño, una filtración o una tristeza antigua que todavía busca salida. La casilla de tristeza es voluntaria, aunque los inspectores reconocen que marcarla facilita la clasificación del caso.
Los técnicos distinguen entre pozos cansados, pozos nostálgicos y pozos que sueñan con mares. Los primeros reciben una arandela nueva. Los segundos, una multa reducida si prometen no suspirar cerca de los depósitos. Los terceros pasan a vigilancia especial porque, según el informe, «una fuente que imagina demasiado puede intentar convertirse en río». Nadie ha explicado cómo se detiene un río administrativo. Probablemente con tres copias y una ventanilla cerrada.
La noticia ha provocado reacciones enfrentadas. Los agricultores sostienen que no se puede cobrar por el agua que un pozo desperdicia dentro de su cabeza. El Ministerio responde que la imaginación, como cualquier recurso, necesita contabilidad. En los mercados ya se venden tapones nocturnos, mantas impermeables para brocales y pequeños contadores capaces de registrar el volumen exacto de una gota que todavía no ha caído.
En Pozo Quieto, una anciana llamada Doña Salmuera ha presentado una reclamación colectiva. «Primero nos cobraron por sacar agua, luego por almacenarla y ahora por soñarla», declaró mientras llenaba un vaso con una paciencia que parecía más antigua que las tuberías. La oficina local le respondió que el sueño no está prohibido, siempre que se solicite permiso con quince días de antelación y se adjunte un croquis del posible cauce.
El Ministerio recomienda cubrir los pozos antes del anochecer, evitar canciones sobre fuentes, no contarles historias de océanos y mantener alejados a los niños que hacen preguntas con demasiada sed. También aconseja no arrojar monedas al agua: los deseos no declarados serán considerados ingresos sumergidos.
Desde esta frecuencia proponemos una solución modesta. Si un pozo sueña con lluvia, déjenlo soñar. Tal vez el yermo necesite conservar al menos una fantasía que no tenga tasa, sello ni número de expediente. Y si al amanecer aparece una gota en el borde, no la limpien demasiado deprisa. Puede que sea agua. Puede que sea memoria. En cualquier caso, todavía no pertenece al Ministerio.