LA OFICINA DE OBJETOS PERDIDOS RECLAMA LAS COSAS QUE NUNCA LLEGARON A EXTRAVIARSE

Por Rex Reverber, con una llave que no abre nada y un cajón lleno de cosas que todavía no han tenido ocasión de desaparecer.

Atención, caminantes del polvo, coleccionistas de cachivaches y ciudadanos que guardan un botón durante veinte años por si algún día aparece la camisa correspondiente. La Oficina de Objetos Perdidos de Hallazgo Preventivo ha anunciado una nueva normativa que obliga a registrar todos los objetos que podrían perderse, aunque sigan perfectamente localizados y en posesión de su propietario.

La medida nació después de que una mujer acudiera a la ventanilla para denunciar la desaparición futura de una caja que todavía estaba debajo de su cama. El funcionario de guardia consideró que el caso presentaba “indicios razonables de pérdida eventual” y abrió un expediente con tres copias, una tasa administrativa y una pequeña cinta roja para marcar el lugar exacto donde la caja seguía sin desaparecer.

Desde entonces, los inspectores recorren asentamientos y caravanas buscando objetos con vocación de extravío. Las llaves sin puerta son prioridad alta. Los botones huérfanos reciben seguimiento trimestral. Las cucharillas dobladas, los calcetines solitarios y las piedras guardadas en bolsillos ajenos quedan bajo observación, aunque la Oficina insiste en que cada categoría tiene un procedimiento distinto y que mezclar un objeto perdido con uno que solo ha sido abandonado puede provocar una crisis de papelería.

El formulario principal, conocido como 4-P: Posible Pérdida en Trámite, exige describir el objeto, su último dueño conocido, el lugar donde podría perderse y el sentimiento que probablemente desarrollará al verse separado de su utilidad. También pregunta si el ciudadano piensa buscarlo cuando desaparezca o si prefiere fingir que nunca lo quiso. Esta última casilla es voluntaria, pero los funcionarios aseguran que marcarla acelera mucho las cosas.

El mercado ya ha respondido. Se venden etiquetas de identificación para objetos que aún no están perdidos, pequeñas campanas para pertenencias con tendencia a esconderse y contratos de custodia para recuerdos que nadie quiere reclamar en voz alta. Un comerciante ofrece un servicio completo: pierde el objeto por usted, lo encuentra dos días después y cobra una comisión por devolverle la ilusión de haber tenido control sobre algo.

La población está dividida. Algunos creen que registrar las pérdidas antes de que ocurran permitirá ahorrar tiempo, discusiones y búsquedas bajo muebles que ya no existen. Otros sostienen que el yermo no necesita más funcionarios vigilando cajones. Una anciana resumió la protesta mientras entregaba un guante sin pareja: “Si empiezan a declarar lo que todavía conservamos, acabarán cobrando por no haberlo perdido”.

La Oficina niega que la norma tenga relación con los recuerdos. Sin embargo, varios vecinos aseguran que los inspectores han empezado a preguntar por nombres olvidados, fotografías sin personas y cartas que nadie se atreve a abrir. El director del servicio dice que se trata de una ampliación técnica. Su secretaria, en cambio, ha solicitado registrar la ausencia de su hermano, aunque no sabe si se fue, si murió o si simplemente dejó de contestar hace diecisiete años.

Desde esta frecuencia recomendamos mantener las pertenencias cerca, no confiar en cajones demasiado silenciosos y poner nombre a las cosas antes de que el mundo les cambie el significado. Si encuentran una llave sin puerta, guárdenla. Puede que no abra nada. Puede que solo recuerde que alguna vez hubo una cerradura esperando.