por Rex Reverber! | Jul 27, 2026 | Noticias del Yermo
LA COOPERATIVA DE POZOS SECOS VENDE AGUA EN DIFERIDO A PAGAR ANTES DE QUE LLUEVA
Por Rex Reverber, transmitiendo con la garganta llena de polvo, la cantimplora llena de promesas y la sospecha de que ambas cosas hidratan parecido.
Atención, supervivientes sedientos, comerciantes de sombra y optimistas con recibo: en el cruce de Tubería Partida acaba de inaugurarse la Cooperativa de Pozos Secos Unidos, una institución dedicada a vender agua en diferido. El servicio, según sus responsables, permite comprar hoy botellas vacías, garrafas numeradas y derechos de humedad futura, canjeables cuando vuelva a llover, cuando se derrita una nube o cuando el cielo supere su evidente bloqueo emocional.
La sede ocupa una caseta hecha con chapas de depósito, tuberías cortadas y un cartel que promete “hidratación responsable sin dependencia inmediata del líquido”. Detrás del mostrador, Don Calisto Cubalibre, tesorero provisional y único hombre capaz de pronunciar sequía como si fuera una oportunidad de negocio, explica que el modelo es sencillo: el cliente paga por adelantado, recibe un envase certificado y conserva la esperanza en posición vertical.
“Vender agua que ya existe es fácil”, declaró mientras golpeaba un pozo vacío con una llave inglesa. “Nosotros trabajamos con agua conceptual, agua pendiente, agua que todavía no se ha presentado a la vida laboral”. El público escuchó en silencio, quizá por respeto, quizá porque hablar demasiado reseca la lengua y en la cooperativa cobran por cada metáfora húmeda.
El primer producto se llama Botella Horizonte. Cuesta tres chapas y contiene, de momento, aire seco con certificado de intención. Por cinco chapas, la Garrafa Premium incluye una etiqueta, un número de turno y el derecho a mirar al cielo con prioridad administrativa. El plan familiar ofrece descuento para grupos de hasta cuatro personas, siempre que compartan la misma decepción y no beban antes de la fecha estimada de precipitación.
Las autoridades locales no saben si prohibirlo, gravarlo o imitarlo. El Consejo de Tubería Partida ha pedido un informe técnico sobre la legalidad de vender un recurso ausente. El informe concluye que, en el yermo, casi todo lo importante está ausente y aun así alguien lo cobra: seguridad, justicia, carreteras, medicina sin gritos, café sin personalidad propia. Por tanto, el agua futura no constituye estafa sino innovación de sequía.
No faltan clientes. Una fila de vecinos espera cada mañana con garrafas vacías, contratos arrugados y esa expresión que mezcla fe, insolación y contabilidad. Algunos compran por necesidad. Otros, por especulación: aseguran que si un día llueve, las botellas de primera emisión podrían revalorizarse como reliquias líquidas. Un mercader ya ofrece cambiar dos litros futuros por una lata presente de judías que, según él, contiene humedad emocional.
También han surgido críticas. La Asociación de Aguadores con Agua, organización pequeña pero muy ruidosa porque salpica al hablar, acusa a la cooperativa de devaluar el líquido real. “Nosotros cargamos cubos, reparamos filtros y nos muerden cosas en las acequias”, dijo su portavoz. “Ellos venden promesas con tapón de corcho. Así empezó todo antes de la guerra: primero los futuros, luego los derivados, después las explosiones y al final un señor cobrando por una botella vacía”.
Don Calisto rechaza las acusaciones. Asegura que cada contrato incluye cláusulas transparentes, aunque están escritas con tinta invisible para ahorrar humedad. El documento especifica que la entrega del agua dependerá de factores externos como nubes, presión atmosférica, voluntad divina, comportamiento de los clientes y que nadie vuelva a enfadar al pozo central llamándolo agujero inútil.
El pozo, por cierto, ha sido declarado socio honorario. No contiene agua desde hace ocho años, pero la cooperativa defiende que su vacío es precisamente lo que garantiza neutralidad. “Un pozo lleno crea falsas expectativas”, explicó el tesorero. “Un pozo seco, en cambio, nunca miente. Solo aplaza”.
Desde esta humilde emisora recomendamos prudencia. Si van a comprar agua en diferido, revisen que la botella no tenga agujeros, que el recibo no esté firmado por una nube falsa y que el vendedor no use la palabra ecosistema financiero antes de desayunar. En caso de sed extrema, recuerden que un contrato puede aliviar la ansiedad, pero sigue siendo mala idea intentar hervirlo.
La Cooperativa anuncia próximos productos: cubitos de hielo retrospectivo, lluvia de suscripción mensual y una línea de vapor invisible para clientes de lujo. Seguiremos informando si cae agua, si suben las tarifas o si el cielo presenta una demanda por uso indebido de su marca. Hasta entonces, cuiden sus cantimploras, compartan lo que tengan y desconfíen de cualquiera que les venda mañana en una botella. En el yermo, el futuro siempre llega seco y con intereses.
por Rex Reverber! | Jul 27, 2026 | Noticias del Yermo
LA OFICINA DE SEMÁFOROS HUÉRFANOS MULTA A QUIENES CRUZAN DONDE YA NO HAY CALLE
Por Rex Reverber, transmitiendo desde un cruce donde la luz roja lleva dos horas mirándome como si yo le debiera una disculpa.
Atención, caminantes del polvo, caravanas con prisa y ciudadanos que todavía creen que una carretera debe existir para ser obedecida. En el asentamiento de Kilómetro Nadie ha abierto sus puertas la Oficina Municipal de Semáforos Huérfanos, una institución dedicada a rescatar, catalogar, instalar y defender la dignidad administrativa de todas esas luces de tráfico que sobrevivieron al fin del mundo pero perdieron su cruce, su acera y, en muchos casos, la razón.
La oficina ocupa una caseta hecha con chapa de autobús, archivadores militares y tres señales de stop soldadas al revés. En su fachada puede leerse el lema oficial: “Los cuidamos, los instalamos, los hacemos respetar”. Debajo, alguien ha añadido con tiza: “Aunque ya no sepamos por qué”. La frase fue retirada, multada y archivada como comentario hostil hacia la infraestructura sensible.
El proyecto nació, según el funcionario a cargo, Don Ulpiano Luzviva, tras descubrir un almacén subterráneo con cuarenta y siete semáforos pre-guerra todavía capaces de encender rojo, verde y una tercera luz amarilla que parpadea como una advertencia espiritual. “No podíamos dejarlos ahí, abandonados, sin peatones que juzgar”, explicó mientras sellaba un formulario con una solemnidad impropia de alguien sentado sobre una caja de munición vacía. “Todo semáforo merece un cruce. Y si el cruce ya no existe, se le inventa uno”.
El primer semáforo adoptado, conocido como 47-B, fue instalado en mitad de una explanada donde antiguamente pasaba una avenida y ahora solo circulan viento, latas y culpa. Desde entonces, toda persona que atraviese la zona debe detenerse ante la luz roja, avanzar con la verde y mirar a ambos lados aunque ambos lados sean el mismo desierto repitiéndose hasta la náusea.
Las multas llegaron enseguida. Un pastor de brahmin recibió sanción por cruzar en verde sin actitud de agradecimiento. Dos saqueadores fueron penalizados por huir de una emboscada sin esperar el cambio de luz. Una anciana que llevaba tres días parada frente al rojo fue felicitada por civismo extremo, deshidratada con cuidado y enviada a casa con un descuento para futuras infracciones.
La comunidad está dividida. Los comerciantes celebran que las caravanas se detengan lo suficiente para venderles agua, recambios y consejos contradictorios. Los niños han convertido el semáforo en un juego peligroso donde gana quien obedece más tiempo antes de llorar. Los conductores, por su parte, recuerdan que ya casi nadie tiene vehículo, gasolina ni destino, pero admiten que una luz roja da al viaje una sensación de propósito que el yermo rara vez ofrece gratis.
Los críticos acusan a la oficina de fabricar burocracia donde solo había polvo. Don Ulpiano rechaza el cargo. Según él, la civilización no desaparece cuando caen las ciudades, sino cuando la gente empieza a cruzar como le da la gana. “Primero ignoras una luz roja”, declaró. “Luego ignoras una ordenanza. Después una promesa. Al final estás casado con una banda de caníbales y llamas libertad a no llevar recibos”.
El Consejo Provisional de Kilómetro Nadie ha pedido un informe técnico. El informe, de treinta y nueve páginas y una mancha de sopa, concluye que los semáforos no regulan tránsito real, pero sí producen una saludable sensación de culpa compartida. También advierte que algunos modelos parecen desarrollar apego emocional a los infractores reincidentes. El 47-B, por ejemplo, parpadea en rojo cada vez que se acerca una mujer llamada Petunia Casquillo, quien asegura no conocer al aparato aunque admite haberlo mirado “con pena” una tarde nublada.
Como ocurre siempre que alguien descubre una forma nueva de cobrar, han aparecido negocios paralelos. Un taller vende permisos de cruce preferente impresos en cartón de cereal. Un predicador afirma que la luz amarilla es una señal divina para arrepentirse antes de girar a la izquierda. Tres mercenarios ofrecen servicio de escolta administrativa: te acompañan hasta el semáforo, esperan contigo y disparan al horizonte si el horizonte se muestra impaciente.
Desde Radio Rad-Yermo recomendamos prudencia. Si se encuentran con un semáforo en mitad de ninguna parte, no lo insulten. Las máquinas viejas han visto demasiadas cosas y algunas conservan memoria de cuando el mundo fingía funcionar. Esperen al verde si tienen tiempo, agua y una relación estable con la obediencia. Si no, crucen mirando al suelo y preparen chapas para la multa.
La Oficina anuncia nuevas adopciones durante las próximas semanas: pasos de peatones sin peatones, rotondas portátiles para asentamientos con nostalgia circular y un programa piloto de señales de “ceda el paso” destinadas a discusiones matrimoniales. Seguiremos informando si los cruces vuelven, si los semáforos aprenden a perdonar o si alguien consigue explicar por qué una luz roja, en un mundo ya destruido, todavía puede hacernos sentir culpables.
Hasta entonces, recuerden: el yermo puede haber perdido sus carreteras, sus mapas y la mayor parte de sus modales. Pero mientras quede una bombilla roja encendida en mitad del polvo, habrá alguien dispuesto a cobrarte por no esperar.
por Rex Reverber! | Jul 25, 2026 | Noticias del Yermo
EL MINISTERIO DE OBJETOS PERDIDOS DEVUELVE UNA TOSTADORA QUE NADIE RECLAMÓ
Por Rex Reverber, transmitiendo desde una mesa donde todos los electrodomésticos están desenchufados, vigilados y, en el caso de la batidora, esposados por precaución.
Atención, supervivientes con domicilio variable, deudas heredadas y armarios que hacen ruido por la noche. El llamado Ministerio de Objetos Perdidos ha reaparecido esta semana en la ruta de Tuerca Dulce con una misión que nadie le pidió: devolver una tostadora prebélica a cualquier ciudadano que niegue ser su propietario con suficiente nerviosismo.
La oficina, instalada sobre un remolque de chatarra con ventanilla, sello y tres ruedas que discrepan entre sí, llegó el martes al mercado del mediodía. Dos funcionarios con mascarillas de filtro, gorras inclinadas y la paciencia de quien ha sobrevivido a todos los formularios del mundo desplegaron una mesa, colgaron un cartel casi ilegible y colocaron encima el aparato: una tostadora cromada, abollada, de dos ranuras, con una luz verde que parpadeaba como si estuviera recordando cosas que no debería.
El primer intento de entrega fue dirigido a un aguador llamado Bramo Lentilla, que declaró no haber visto aquella tostadora en su vida. El funcionario principal, identificado solo como Subdirector Interino de Restituciones Menores, consultó una carpeta chamuscada y respondió: “El objeto no comparte su versión”. Acto seguido, la tostadora expulsó una rebanada perfectamente tostada con el nombre de Bramo escrito en quemadura superficial. Bramo huyó, lo cual fue registrado como aceptación implícita en grado cobarde.
Desde entonces, el Ministerio ha intentado colocar el electrodoméstico en diecisiete hogares, tres caravanas, una capilla sin dios asignado y el despacho del sheriff, que rechazó la entrega alegando conflicto de intereses con una sandwichera desaparecida en el 82. En todos los casos, la tostadora ha demostrado conocer detalles privados: horarios de sueño, deudas con prestamistas, canciones tarareadas en letrinas y la ubicación exacta de latas que sus dueños juraban haber compartido con la comunidad.
Los vecinos se dividen entre quienes creen que se trata de tecnología doméstica embrujada, quienes sospechan de un experimento comercial prebélico y quienes opinan que cualquier aparato capaz de hacer desayuno merece una oportunidad, aunque cite tus pecados en orden alfabético. En el yermo, la línea entre comodidad y amenaza siempre ha sido del grosor de un cable pelado.
La Asociación de Propietarios que Niegan Haberlo Sido ha emitido una recomendación provisional: no tocar la palanca, no mirar directamente las ranuras y no responder cuando el aparato pregunte si “seguimos enfadados por lo del incendio”. Según la asociación, varias víctimas potenciales han sufrido sueños recurrentes con pan, cocinas limpias y una voz metálica que susurra: “yo estaba allí cuando prometiste cambiar”.
Los funcionarios insisten en que el proceso es legal. Afirman que el Ministerio no fabrica culpa, solo la devuelve a su legítimo titular junto con objetos extraviados, memorias mal archivadas y pequeños electrodomésticos con apego patológico. Para rechazar formalmente la tostadora, el ciudadano debe rellenar el formulario OP-14, aportar dos testigos, una prueba de no propiedad y una declaración emocional donde explique por qué el aparato le mira así.
El problema, queridos oyentes, es que nadie consigue completar el trámite. La tinta se seca antes de firmar. Los testigos recuerdan de pronto haber desayunado en casas donde nunca estuvieron. Y el formulario, según tres denunciantes, cambia la casilla “rechazo” por “reencuentro” cuando no se le presta atención.
Radio Rad-Yermo recomienda prudencia doméstica. Si una oficina ambulante llama a su puerta para devolverles algo que no reconocen, no digan “eso no es mío” demasiado rápido. Los objetos viejos son sensibles y algunos llevan dos siglos ensayando respuestas. Pregunten primero si muerde, si cobra intereses y si conoce el nombre de su madre. Si responde a las tres cosas con un clic, cierren la puerta y finjan que viven en otra línea temporal.
Por ahora, la tostadora permanece bajo custodia administrativa, aunque la palabra custodia aquí significa que descansa sobre una mesa, enchufada a nada, vigilando a todos. El Ministerio anuncia que continuará su ruta hasta encontrar al propietario, agotar los impresos o aceptar que quizá el objeto no busca dueño, sino perdón.
Seguiremos informando si la tostadora habla, si el pan declara como testigo o si alguien consigue demostrar que nunca prometió volver a casa antes de la cena. Hasta entonces, recuerden: en el yermo se pierde casi todo. Lo peligroso empieza cuando algo perdido decide encontrarte a ti.
por Rex Reverber! | Jul 22, 2026 | Noticias del Yermo
LA BIBLIOTECA AMBULANTE MULTA CON INTERESES A QUIENES NO DEVOLVIERON LIBROS ANTES DE LA GUERRA
Por Rex Reverber, transmitiendo con el carnet de lector escondido, una novela atrasada bajo la mesa y el miedo razonable a que la cultura venga a cobrarme a domicilio.
Atención, lectores rezagados, saqueadores con gafas y ciudadanos que usan enciclopedias como material de construcción. Un autobús oxidado, cubierto de antenas, estanterías soldadas y sellos administrativos, ha comenzado a recorrer la ruta de Polvo Largo reclamando la devolución de libros prestados antes de la guerra. La unidad se identifica como Biblioteca Ambulante Municipal número 6, aunque nadie recuerda el municipio, el número ni la parte de la historia en la que una biblioteca aprendió a perseguir deudores por el desierto.
El vehículo apareció el lunes al amanecer, levantando polvo entre los restos de una estación de servicio. En el lateral aún puede leerse, bajo tres capas de óxido y una frase ofensiva escrita por alguien con mala caligrafía: LEER ES SOBREVIVIR. Debajo, una línea añadida con pintura más reciente aclara: DEVOLVER TAMBIÉN.
La biblioteca está atendida por un bibliotecario de edad difícil, visera verde, chaqueta militar reutilizada y una paciencia tan seca que podría encenderse con mirarla. Se presenta como el señor Biblio N. Archivolta, responsable provisional de préstamos, sanciones, silencio en sala y castigos por doblar esquinas de página. Según varios testigos, lleva una lista interminable de nombres, fechas, títulos y multas acumuladas durante aproximadamente doscientos años de retraso.
El primer caso conocido fue el de Remigio Latafina, vecino de Tres Tuercas, acusado de no devolver un manual de jardinería doméstica retirado el 18 de octubre de 2077. Remigio alegó que no había nacido entonces, que jamás había visto el libro y que su jardín más parecido era una lata con moho sentimental. El bibliotecario escuchó en silencio, selló tres papeles y calculó la deuda: cuatrocientas veinte chapas, dos litros de agua potable y una disculpa escrita en letra clara.
Desde entonces la cola no ha dejado de crecer. Hay supervivientes que acuden por curiosidad, otros por miedo y algunos porque creen que quizá la biblioteca tenga mapas, novelas románticas o instrucciones para reparar generadores sin sacrificar un dedo. La mayoría se marcha con una deuda nueva, una recomendación de lectura y la sensación de haber sido juzgada por la civilización que perdimos.
La colección del autobús es irregular pero impresionante. Entre sus estantes hay manuales de cocina para hornos que ya no existen, guías de viajes a ciudades convertidas en ceniza, novelas de misterio donde el cadáver es el menor de los problemas, libros infantiles con animales que la radiación convirtió en malas noticias y tratados de autoayuda empresarial que, por desgracia, sobrevivieron mejor que muchas familias.
El señor Archivolta asegura que la misión de la Biblioteca Ambulante es restaurar el orden cultural del yermo, empezando por los préstamos vencidos. “Una sociedad puede perder sus puentes, sus gobiernos y su piel exterior”, declaró mientras estampaba un sello sobre una mesa inclinada. “Pero si también pierde el respeto por las fechas de devolución, entonces ya no queda nada que reconstruir”.
Las autoridades locales han intentado negociar una amnistía. El Consejo de Polvo Largo propuso perdonar todas las multas anteriores al impacto nuclear, considerando que el fin del mundo constituye una causa de fuerza mayor razonable. La biblioteca rechazó la propuesta por falta de formulario B-12, certificado de extinción social y justificante de explosión con membrete oficial. En el yermo, queridos oyentes, incluso el apocalipsis necesita recibo.
No faltan quienes ven una oportunidad. Algunos mercaderes han empezado a vender libros robados como si fueran salvoconductos morales. Un taller ofrece falsificar carnets de lector con foto favorecedora. Dos niños han descubierto que devolver revistas viejas reduce la multa de sus abuelos y ahora patrullan ruinas escolares como cazadores de papel vencido. La cultura, cuando aprieta el hambre, también aprende a funcionar por recompensa.
Pero hay inquietud. Varios deudores afirman haber recibido avisos personalizados en sueños: voces susurrando títulos pendientes, páginas pasando solas, una campanilla de mostrador sonando dentro de la cabeza. Otros aseguran que el autobús aparece siempre donde hay alguien que dijo la frase “leer no sirve para nada”. Desde Radio Rad-Yermo no podemos confirmar esa afirmación, pero recomendamos no pronunciarla cerca de estanterías con ruedas.
La compuerta editorial de sentido común dice que una biblioteca ambulante no debería dar miedo. La experiencia del yermo dice otra cosa. Cualquier institución que conserve registros durante dos siglos, combustible suficiente y una voluntad intacta de cobrar recargos merece respeto, distancia y quizá un marcapáginas de sacrificio.
Si se cruzan con la Biblioteca Ambulante número 6, no corran. Correr dobla las páginas del destino. Hablen bajo, no coman sobre los libros y, si encuentran en su refugio un volumen con sello municipal, devuélvanlo aunque lo esté usando de pata para una mesa. Una mesa coja es triste. Una deuda cultural con intereses es una forma muy elegante de ruina.
La biblioteca continuará su ruta hasta recuperar todos los ejemplares, agotar la tinta de los sellos o admitir que algunos lectores se fueron hace mucho a la sección de no retornables. Hasta entonces, recuerden: en el yermo pueden robarte el agua, la sombra y la última lata decente. Pero tarde o temprano alguien vendrá también a reclamarte el libro que prometiste devolver el martes.
por Rex Reverber! | Jul 22, 2026 | Noticias del Yermo
EL SINDICATO DE SOMBRAS ALQUILA SOMBRA POR MINUTOS DURANTE LA OLA DE CALOR
Por Rex Reverber, transmitiendo con la nuca en huelga, el sombrero en estado de emergencia y una sombra personal que acaba de pedirme aumento.
Atencion, caminantes resecos, comerciantes con suelas pegadas al suelo y ciudadanos que han empezado a negociar con sus propios poros. La ola de calor que atraviesa la ruta de Tuerca Dulce ha alcanzado tal nivel de mala educacion termica que el viejo termometro publico se ha derretido en posicion de suplica. En respuesta, el recien formado Sindicato de Sombras Portatiles ha comenzado a alquilar sombra por minutos, con tarifas variables segun densidad, frescor moral y ausencia relativa de lagartos.
El negocio funciona en una explanada junto al mercado de chatarra, donde tres toldos mecanicos, dos planchas de metal, una antena partida y algo que antes pudo ser la puerta de un banco proyectan rectangulos oscuros sobre el polvo. Cada rectangulo esta numerado. Cada numero tiene precio. Cada precio viene acompañado de un formulario donde el cliente declara que comprende que la sombra es temporal, no transferible y emocionalmente insuficiente.
La tarifa basica ofrece un minuto de penumbra ligera, apta para respirar, maldecir al sol o recordar brevemente que la piel tuvo mejores dias. La tarifa familiar incluye tres minutos bajo un toldo compartido, siempre que los beneficiarios no discutan, no empujen y no intenten ensanchar la sombra mediante tristeza organizada. La tarifa premium, llamada Eclipse Ejecutivo, promete cinco minutos de oscuridad casi respetable, un taburete tibio y un abanico manejado por un menor con contrato dudoso.
El portavoz del sindicato, Don Cayo Pavesa, defiende el servicio como una conquista social. Segun el, la sombra ya existia, pero estaba mal regulada, acaparada por muros, rocas grandes y personas altas sin conciencia de clase. Ahora, explica, cualquier superviviente con chapas puede acceder a un descanso certificado, sellado y medido con reloj de cocina. “El sol es gratis porque nadie ha conseguido cobrarlo todavia”, declaro mientras ajustaba una polea. “Nosotros solo administramos su derrota temporal”.
Las reacciones han sido inmediatas. Los mercaderes celebran que la cola de clientes permanece viva durante mas tiempo. Los medicos locales agradecen que los golpes de calor lleguen ahora en horarios escalonados. Los poetas, por su parte, han solicitado una tarifa contemplativa para quedarse mirando el borde exacto donde termina la luz y empieza la decepcion. El sindicato ha respondido que la poesia paga recargo por ocupacion melancolica.
No todo el mundo esta conforme. La Asociacion de Sombras Naturales, formada por una roca, dos postes y un anciano muy quieto, acusa al nuevo gremio de privatizar un recurso basico. El anciano, que lleva años ofreciendo sombra lateral por pura inmovilidad civica, asegura que el mercado se esta llenando de intermediarios. “Antes uno se ponia al lado de algo grande y ya esta”, dijo. “Ahora te piden recibo, turno y certificado de penumbra”.
Tambien han surgido imitadores. En el callejon de los filtros usados, un vendedor ambulante ofrece sombra instantanea en polvo: basta mezclarla con agua, agitar y aceptar que probablemente sea ceniza de cortina. Otro asegura alquilar sombras emocionales, invisibles pero muy profundas, por dos chapas la sesion. Tres clientes afirman haberse sentido mas frescos. Cuatro afirman haberse sentido estafados. Uno afirma haber visto su infancia debajo de una lona y se niega a salir del cubo.
El Consejo de Salud Publica ha publicado recomendaciones sencillas: beber agua que no negocie, cubrirse la cabeza, evitar superficies que brillen con intenciones religiosas y no comprar sombra a desconocidos que prometan “oscuridad ilimitada”. En el yermo, queridos oyentes, lo ilimitado suele venir con dientes, deuda o ambas cosas.
La crisis ha alcanzado incluso al lenguaje cotidiano. Los vecinos ya no dicen “ponte a la sombra”, sino “consulta disponibilidad”. Los niños juegan a perseguir manchas frescas con la desesperacion de pequeños contables. Las parejas discuten sobre si compartir penumbra cuenta como compromiso. Un predicador del mercado ha declarado que el sol nos mira porque sabe lo que hicimos, aunque nadie ha logrado explicarle que todos prefeririamos que mirase a otro asentamiento.
Desde esta humilde mesa de polvo recomiendo prudencia y gorra. Si alquilan sombra, lean el contrato. Si una sombra se mueve cuando no sopla viento, no la sigan. Si alguien les ofrece sombra con garantia de eternidad, recuerden que en el yermo la unica sombra permanente suele estar debajo de algo que ya no respira.
El Sindicato anuncia que ampliara servicios con sombra nocturna para nostalgicos, sombra de duelo para entierros a pleno sol y una linea experimental de penumbra romantica con descuento para viudos recientes. Seguiremos informando si bajan las temperaturas, si suben las tarifas o si el sol presenta una reclamacion por competencia desleal. Hasta entonces, busquen fresco donde puedan, compartan toldo cuando duela menos que discutir y no olviden que hasta la sombra, cuando escasea, aprende a cobrar.