UNA CLÍNICA MÓVIL OFRECE REEMPLAZAR DIENTES POR BALAS USADAS
Por Rex Reverber, hablando despacio para no despertar a mi empaste, que últimamente tiene opiniones políticas.
Una nueva iniciativa sanitaria recorre las rutas comerciales del sur bajo el nombre de Clínica Sonrisa de Plomo, ofreciendo a los supervivientes la posibilidad de reemplazar dientes perdidos por balas usadas, casquillos pulidos y otros restos balísticos “con valor defensivo y presencia estética”. El servicio se anuncia con un cartel pintado a mano: “Sonría menos. Intimide más”. Como lema médico, tiene la delicadeza de una patada en la mandíbula, pero al menos no promete milagros.
La clínica consiste en una caravana blindada con una silla dental atornillada al techo, un lavabo que gotea algo parecido a agua y una campana de bronce que suena cada vez que alguien sobrevive al presupuesto. La dirige la doctora Mola Plask, autoproclamada odontóloga de frontera, herrera de encías y veterana de tres universidades que ya no existen y una que quizá nunca existió.
Según Plask, los implantes de munición reciclada responden a una necesidad real del yermo: “La gente pierde dientes por radiación, peleas, mala alimentación o por morder cosas que claramente no querían ser mordidas. Nosotros devolvemos función, carácter y una advertencia visual”. La doctora insiste en que todas las balas son desactivadas antes de instalarse. Luego añade que “casi todas”, y ríe de una manera que hace que los pacientes lean el consentimiento informado dos veces.
Los tratamientos disponibles van desde el modelo Básico Casquillo, recomendado para incisivos humildes, hasta la línea Premium Perforante, destinada a jefes de banda, mercenarios inseguros y novios que desean causar una impresión inolvidable en la boda. También ofrecen descuentos familiares bajo el paquete “Todos Mordemos Juntos”, una frase que en cualquier otro contexto sería tierna.
Los resultados, según testigos, son mixtos. Un comerciante de sal de nombre Braco afirma que su nueva dentadura le ha permitido negociar mejores precios sin pronunciar una palabra. “Solo sonrío”, explicó, produciendo un brillo metálico que hizo retroceder a dos perros y a un recaudador. En cambio, una mensajera de Arena Clara se queja de que sus muelas nuevas atraen detectores de metales, imanes defectuosos y conversaciones incómodas con armeros nostálgicos.
Las autoridades sanitarias, representadas en este caso por un señor con bata y un cubo, han emitido una advertencia moderada. No desaconsejan por completo el procedimiento, porque en el yermo desaconsejar cosas requiere alternativas, y las alternativas suelen estar muertas, contaminadas o fuera de presupuesto. Sin embargo, recomiendan verificar que la munición no esté activa, no sea robada a alguien presente y no tenga historial sentimental.
La clínica también ha generado inquietud entre los saqueadores. Algunos grupos han comenzado a inspeccionar sonrisas antes de iniciar peleas, por miedo a descubrir demasiado tarde que la víctima lleva una armería en la boca. Esto ha producido una reducción temporal de asaltos en rutas dentales, aunque un aumento preocupante de cumplidos falsos: “Bonitos colmillos, ciudadano, que tenga usted una tarde pacífica”.
Radio Rad-Yermo preguntó a la doctora Plask si considera ética su labor. Respondió que la ética es importante, que guarda una en un frasco, y que la enseña a los pacientes que pagan por adelantado. También negó rumores de que planee una línea infantil llamada “Dientes de Leche y Pólvora”, aunque admitió haber registrado el nombre “por si el mercado madura”.
Desde esta emisora recomendamos prudencia. Si necesitan atención dental, busquen higiene, referencias y una silla que no esté montada sobre explosivos. Si aun así deciden instalarse una sonrisa de plomo, recuerden no rechinar los dientes cerca del fuego, no masticar cables pelados y no besar brújulas sensibles.
La salud bucodental siempre fue importante. En el yermo, además, puede determinar si te invitan a cenar, te disparan primero o te confunden con munición de repuesto. Sonrían con responsabilidad, amigos. O no sonrían. A veces conservar el misterio es la mejor anestesia.