OYENTES ASEGURAN QUE UNA CANCIÓN DE REX PREDICE ATAQUES DE SAQUEADORES
Por Rex Reverber, inocente hasta que la frecuencia demuestre lo contrario, y transmitiendo bajo asesoramiento legal de un loro disecado.
Querida audiencia de Radio Rad-Yermo: se ha extendido por varios asentamientos la teoría de que algunas canciones emitidas en este humilde agujero de estática predicen ataques de saqueadores. Como responsable de la programación, debo comenzar negándolo todo con la serenidad de un hombre que nunca ha usado un tocadiscos como oráculo, al menos no desde el incidente de los jueves.
La acusación nació en el puesto comercial de Aguja Partida, donde tres supervivientes aseguran que, minutos antes de una incursión de la banda conocida como Los Cucharones, Radio Rad-Yermo emitió una vieja canción cuyo estribillo repetía “cierren la puerta, cierren la puerta, que vienen por el pan”. La puerta no se cerró. El pan desapareció. También desaparecieron dos rifles, una bicicleta sin ruedas y el orgullo defensivo del asentamiento.
Desde entonces, varios oyentes han comenzado a anotar letras, pausas, interferencias y carraspeos míos con una dedicación que, francamente, me halaga y me preocupa. En la choza de comunicaciones de Loma Tuerca han cubierto una pared entera con hilos rojos, chinchetas, mapas de rutas saqueadoras y retratos míos recortados con expresión más culpable de lo habitual. Uno de los investigadores amateurs, un señor que responde al nombre de Profesor Chispa aunque nadie sabe de qué, afirma que “Rex no predice los ataques: los ataques obedecen a Rex”.
Permítanme aclarar que, si los saqueadores obedecieran mis emisiones, ya les habría ordenado bañarse, devolver los violines robados y dejar de escribir sus amenazas con faltas de ortografía. La realidad suele ser menos elegante: el yermo está lleno de coincidencias, bandidos supersticiosos y canciones compuestas por gente que ya sospechaba que el mundo acabaría mal.
Aun así, los casos se acumulan. En Pozo Lentilla, una balada sobre botas perdidas sonó justo antes de que un grupo armado robara todas las botas del almacén comunal, dejando a los vecinos con calcetines de combate y una sensación de destino muy mal calzado. En Barranco de la Siesta, una marcha alegre titulada “No abras la caja, Ramón” precedió al saqueo de una caja fuerte perteneciente, por desgracia, a un tal Ramón. Ramón se niega a hacer declaraciones porque dice que la radio ya sabe demasiado.
La posibilidad de que los saqueadores escuchen la emisora y usen las canciones como señal tampoco puede descartarse. Sería triste descubrir que nuestro programa sirve como calendario criminal, pero no sería la primera vez que la cultura termina financiando indirectamente a idiotas con munición. Hemos recomendado a las comunidades cambiar rutinas, reforzar guardias y desconfiar de cualquier banda armada que tararee en armonía.
Por supuesto, también existe una explicación más inquietante: que el yermo, en su infinita crueldad poética, haya aprendido a rimar. Después de dos siglos de polvo, radiación y promesas rotas, quizá los acontecimientos ya no ocurren por causa y efecto, sino por métrica. Primero el verso, luego la explosión. Primero el estribillo, luego el grito. Primero el locutor, luego el saqueo. No me miren así; yo solo pongo discos y finjo que controlo el volumen.
Para calmar los ánimos, Radio Rad-Yermo emitirá esta noche una selección musical cuidadosamente revisada por nuestro departamento de No Presagiar Catástrofes, compuesto por mí, una libreta y un detector de mentiras que explota cuando alguien menciona impuestos. Hemos eliminado temas con referencias a fuego, cuchillos, visitas inesperadas, puertas, tesoros, ganado, venganza, martes y cualquier verbo en futuro.
Si aun así su asentamiento es atacado después de una canción romántica sobre una licuadora, por favor envíen pruebas, supervivientes y, si queda, la licuadora. Seguiremos investigando con transparencia, responsabilidad y un pánico moderado. Hasta entonces, recuerden: si una melodía les avisa de peligro, no culpen al mensajero. Culpen al yermo, que tiene oído musical y un sentido del humor podrido.