LA OFICINA DE PRONÓSTICOS EXIGE DECLARAR LAS MALAS NOTICIAS ANTES DE QUE OCURRAN

Por Rex Reverber, con una desgracia pendiente de sello y un formulario que insiste en que todo puede empeorar si se presenta fuera de plazo.

Atención, caminantes del polvo, supersticiosos con carpeta y ciudadanos que prefieren saber exactamente cuándo se les torcerá el día. La Oficina de Previsión Desfavorable ha abierto una nueva ventanilla para registrar malas noticias antes de que ocurran. La medida pretende ordenar accidentes, pérdidas, averías, discusiones familiares y pequeñas catástrofes que, hasta ahora, llegaban sin cita previa y alteraban el funcionamiento normal de la desgracia.

El servicio comenzó en Vado Torcido cuando un hombre acudió a la administración para informar de que probablemente perdería una bota durante el trayecto de vuelta. El funcionario le pidió fecha, hora aproximada, lugar del incidente y una descripción del calzado. Como el ciudadano no pudo aportar el número exacto de pasos que pensaba dar, su solicitud fue devuelta por “pesimismo insuficientemente documentado”.

Desde entonces, la oficina recibe a vecinos que desean dejar constancia de sus futuros problemas. Hay quien declara una fuga en el depósito, quien registra la desaparición de un primo que todavía está desayunando y quien solicita un certificado para demostrar que su próxima comida sabrá peor de lo habitual. Los inspectores distinguen entre desgracia probable, desgracia inminente y desgracia con vocación de repetirse. Esta última requiere dos testigos y una fotografía del daño anterior.

El formulario principal, conocido como 8-M: Mala Noticia en Preparación, pregunta si el declarante desea recibir la desgracia en persona, por mensajero o mediante una nota clavada en la puerta. También incluye una casilla para indicar si el acontecimiento debe suceder exactamente como fue imaginado o si la administración puede introducir mejoras. La mayoría de los ciudadanos marca “sin mejoras”.

Los comerciantes ya han encontrado negocio. Se venden seguros contra accidentes todavía no cometidos, calendarios con días reservados para decepciones y pequeños sobres de condolencia para pérdidas que siguen en casa. Un escribano ofrece redactar despedidas anticipadas para objetos de gran valor sentimental. Cobra más si el objeto aún funciona, porque mantener la esperanza aumenta la dificultad del trabajo.

La población está dividida. Algunos creen que registrar una desgracia permite prepararse, ahorrar tiempo y encontrar un culpable con el sello adecuado. Otros temen que las malas noticias, una vez archivadas, se sientan obligadas a cumplir. Una anciana de Loma Seca presentó una reclamación después de declarar que se le rompería una taza y descubrir, al día siguiente, que la taza había esperado el trámite antes de caerse. “No digo que la oficina provoque nada”, explicó. “Solo digo que ahora mis platos hacen cola”.

La dirección del servicio niega cualquier responsabilidad causal. Según su informe, la administración no crea desgracias: únicamente les proporciona una carpeta, un número de expediente y un lugar donde esperar. Sin embargo, varios funcionarios han solicitado registrar el cierre de la oficina antes de que ocurra, por si la propia oficina se convierte en una mala noticia. La petición sigue pendiente porque el sello de futuro está temporalmente extraviado.

Desde esta frecuencia recomendamos declarar solo lo imprescindible, guardar las botas juntas y no rellenar formularios sobre el fin del mundo salvo que sepan qué ventanilla corresponde. Si una desgracia llega sin aviso, no se preocupen: quizá solo esté evitando la burocracia. Y si aparece con número de expediente, fecha y firma, procuren no darle las gracias. En el yermo, hasta la mala suerte puede sentirse ascendida.