FESTIVAL GASTRONÓMICO PREMIA POR TERCER AÑO CONSECUTIVO A UNA LATA CERRADA
Por Rex Reverber, retransmitiendo con el estómago vacío y la prudencia llena.
El Festival de Sabores Improbables celebró ayer su decimoséptima edición entre las ruinas del antiguo centro cívico de Sartenes Bajos, y por tercer año consecutivo el máximo galardón fue otorgado a una lata cerrada de origen desconocido. El jurado valoró su misterio, su integridad estructural, su resistencia emocional y, sobre todo, el hecho comprobable de que todavía no ha matado a nadie.
La lata ganadora, presentada bajo el nombre artístico de “Contenido Pendiente Nº 4”, fue colocada sobre un pedestal de madera carbonizada y escoltada por dos guardias con cucharas largas. Nadie sabe qué contiene. Las etiquetas se perdieron hace décadas, o quizá huyeron por vergüenza. El metal muestra abolladuras, manchas verdosas y una leve vibración cuando se le canta cerca, cualidades que el jurado describió como “complejidad aromática anticipada”.
El presidente del certamen, Don Páncreas Luján, defendió la decisión frente a las críticas. “En tiempos difíciles, la mejor comida es la que aún conserva posibilidades”, declaró. “Una lata cerrada puede ser sopa, carne, fruta, tornillos, aire viejo o una criatura con paciencia. Mientras no la abramos, es todas esas cosas a la vez. Eso es cocina conceptual”.
Los demás concursantes recibieron la noticia con resignación, rabia o gases. Entre los finalistas figuraban una tortilla de líquenes con grava fina, un caldo transparente de recuerdos de pollo, tres aceitunas compartidas entre nueve personas y una escultura comestible hecha con harina, barro y arrepentimiento. El premio del público fue para “Algo en Gelatina”, aunque el comité anuló la votación al descubrir que la gelatina había rellenado las papeletas.
La categoría de repostería tuvo momentos especialmente emotivos. Una anciana presentó un pastel de cumpleaños sin cumpleaños, elaborado con serrín dulce y una vela reutilizada de funeral. El jurado elogió “su valentía metafísica”, pero penalizó la presencia de una tuerca en el centro. La concursante replicó que la tuerca era la sorpresa. Hubo aplausos, lágrimas y una pequeña evacuación preventiva.
El festival nació hace veinte años como un intento de reunir recetas seguras para viajeros. Fracasó a los cuarenta minutos, cuando el primer recetario recomendó “oler con el ojo bueno”. Desde entonces, se ha convertido en una celebración de la supervivencia culinaria, la imaginación digestiva y esa forma muy yermense de mirar un plato y preguntarse si conviene bendecirlo, cocinarlo o dispararle.
La lata campeona acumula ya tres victorias, lo que ha generado acusaciones de favoritismo. Algunos cocineros sostienen que el jurado premia la ausencia de riesgo por encima del sabor. Otros sospechan que la lata contiene al propio jurado original, lo que explicaría su autoridad moral. Un grupo de jóvenes chefs radicales ha anunciado una protesta bajo el lema “Abran la lata o admitan que tienen miedo”. El lema perdió fuerza cuando la lata hizo un ruido breve desde dentro.
Radio Rad-Yermo consultó a expertos en conservación alimentaria, pero el más cercano se negó a opinar sin un bunker, una máscara y un testamento firmado por todos los presentes. Sí explicó que una lata sellada puede durar muchísimo tiempo, especialmente si su contenido ha desarrollado una civilización interna capaz de negociar su supervivencia.
El premio consiste en una cinta azul, cinco chapas y el derecho a no ser abierta durante otro año. La lata fue retirada del escenario entre vítores, murmullos y el sonido respetuoso de estómagos que preferían seguir vacíos antes que hacer preguntas.
Desde esta emisora felicitamos a “Contenido Pendiente Nº 4” por su nueva victoria y recordamos a nuestros oyentes que el hambre es terrible, pero la curiosidad mal cocinada lo es más. Si encuentran una lata sin etiqueta, mírenla con respeto. Puede contener cena, enfermedad o una metáfora. En cualquiera de los tres casos, mastiquen despacio.