FERIA DE TRUEQUE PROHIBE VENDER PROMESAS FRESCAS SIN CERTIFICADO DE CADUCIDAD
Por Rex Reverber, contando chapas con una mano, desconfiando de los optimistas con la otra y recordando que en el yermo hasta la esperanza viene con letra pequeña.
Atencion, supervivientes con vocacion comercial y vendedores de humo con carrito plegable: la Feria de Trueque de Cascabel Quemado ha anunciado una nueva normativa que prohibe la venta de promesas frescas sin certificado de caducidad visible. La medida entra en vigor despues de que varios compradores denunciaran haber adquirido futuros brillantes, matrimonios estables, motores que "casi arrancan" y rutas seguras hacia el norte que resultaron tener moho, saqueadores o una tendencia preocupante a terminar en barranco.
El reglamento, escrito en una lona de tienda militar y firmado con grasa de brahmin, establece que toda promesa comercial debera indicar fecha de emision, nivel de probabilidad, posibles efectos secundarios y numero aproximado de mentiras por kilo. Las promesas de amor eterno podran venderse solo en frascos pequenos. Las promesas politicas deberan mantenerse lejos de fuentes de calor, ninos, ancianos y personas con memoria.
La presidenta provisional de la feria, Dalia "Tres Recibos" Mostaza, ha declarado que no se trata de perseguir la ilusion, sino de evitar intoxicaciones colectivas. "Aqui nadie quiere matar el negocio", explico mientras sellaba una bolsa de esperanzas deshidratadas. "Solo pedimos que si alguien vende un manana mejor, especifique si es manana por la mañana, manana en sentido poetico o manana cuando los mutarachas aprendan contabilidad".
Los primeros controles han sido intensos. Un comerciante de Paso Bisagra fue multado por vender "paz interior seminueva" sin indicar que habia pertenecido a tres fanaticos distintos. Una pareja de caravaneros recibio advertencia por ofrecer "agua clara garantizada" en botellas que contenian agua, claridad y una colonia de algo que parpadeaba. El caso mas grave fue el de un predicador ambulante que vendia redencion instantanea en sobres, producto que caduco antes de que el comprador terminara de arrepentirse.
Los clientes, por una vez, parecen satisfechos. Una chatarrera local afirma que la etiqueta de caducidad le habria ahorrado dos matrimonios, un rifle defectuoso y una fe breve en la democracia de barril. Un minero de arena compro una promesa de vacaciones sin reclamar al descubrir que expiraba "en cuanto alguien pregunte por el deposito". Segun el minero, ha sido la transaccion mas honesta de su vida.
No todos celebran la medida. El Sindicato Libre de Ilusionistas Menores sostiene que la normativa criminaliza una profesion esencial. "Sin promesas frescas, el yermo se hunde", declaro su portavoz, un hombre con sombrero de copa antibalas y zapatos claramente robados a un cadaver mas elegante. "La gente necesita creer que manana encontrara comida, amor o al menos una lata sin dientes dentro. Si empezamos a etiquetar cada esperanza, acabaremos leyendo la realidad, y eso no se le desea a nadie".
La nueva oficina de control tendra tres inspectores, dos sellos, una balanza y un detector de sinceridad que de momento solo pita cuando se le acerca un contrato. Tambien se ha habilitado un puesto de reclamaciones para quienes compraron futuros defectuosos en los ultimos seis meses, aunque las autoridades advierten que no aceptaran devoluciones de sueños abiertos, venganzas parcialmente consumidas ni planes de jubilacion que hayan estado expuestos a radiacion sentimental.
Desde Radio Rad-Yermo recomendamos revisar siempre la etiqueta antes de comprar cualquier cosa que suene demasiado bonita. Si el vendedor sonríe con todos los dientes, desconfien. Si promete seguridad, pidan mapa. Si promete felicidad, pidan muestra gratis. Y si promete que esta vez sera distinto, comprueben si lleva fecha de caducidad, lote de fabricacion y una ruta de escape.
El yermo no esta falto de esperanza. Esta falto de garantias. Y aunque ninguna etiqueta nos salvara del hambre, del oxido o de los vendedores con chaleco de terciopelo, al menos podremos saber si la decepcion que nos llevamos estaba fresca o llevaba semanas fermentando bajo el sol.