ALERTA POR UNA MANADA DE RATAS TOPO QUE HA APRENDIDO A COBRAR PEAJE

Por Rex Reverber, con la cartera cerrada, el motor en punto muerto y una desconfianza razonable hacia cualquier bicho que emita recibos.

Atención, viajeros del Camino Bajo, mercaderes de mala suerte y peatones que todavía creen que un túnel oscuro es una invitación y no una factura con dientes. El Departamento Provisional de Rutas Transitables ha emitido una alerta tras confirmar que una manada de ratas topo mutantes bloquea desde hace tres días el paso subterráneo de Vieja Alcantarilla 6 y cobra peaje a todo el que quiera cruzar sin perder el tobillo.

El primer aviso llegó de una caravana de sal, tornillos y optimismo caducado que intentaba acortar camino hacia Paso Remache. Según su guía, una barrera hecha con huesos, palos de señalización y dos tapacubos apareció en mitad del túnel. Al acercarse, seis ratas topo salieron de la tierra, se colocaron en formación administrativa y empujaron hacia los viajeros una tablilla de barro con marcas que, tras varias discusiones, fueron interpretadas como una tarifa.

La tarifa inicial era de tres chapas por persona, cinco por brahmín, dos por carrito y una disculpa escrita si el viajero olía a queso antes de las diez de la mañana.

El asunto podría haberse resuelto con violencia, como casi todo lo que el yermo considera gestión pública, pero la manada mostró una eficacia inquietante. Una rata topo grande, identificada por los testigos como "la supervisora", llevaba un chaleco reflectante masticado y golpeaba una lata cada vez que alguien intentaba colarse. Otra mordía las chapas para comprobar su autenticidad. Una tercera emitía recibos con barro fresco, dejando pequeñas marcas de garra que, según los afectados, tenían más valor legal que la mayoría de contratos humanos.

Desde entonces, al menos diecisiete viajeros han pagado el peaje. Dos se negaron y fueron obligados a escuchar durante cuarenta minutos un coro de chillidos subterráneos que, según un superviviente, "sonaba como una reunión de vecinos celebrada dentro de una tubería enferma". Un comerciante intentó negociar con media lata de melocotones radiactivos y acabó aceptando una tarifa mensual.

La Asociación de Transportistas con Ruedas Aún Presentes denuncia que el nuevo control de paso está retrasando entregas esenciales: antibióticos vencidos, filtros de agua, cartas de ruptura, piezas de generador y una caja entera de cucharillas cuya procedencia nadie quiere explicar. "No me molesta pagar", declaró una conductora cubierta de polvo hasta las ideas. "Me molesta que las ratas topo tengan mejor contabilidad que mi cooperativa".

Expertos en fauna mutante consultados por este humilde informativo sugieren varias teorías. La primera: las ratas topo aprendieron observando a viejos cobradores de autopista antes de la guerra, lo cual explicaría la barrera, el abuso tarifario y la expresión de superioridad moral. La segunda: alguien las entrenó para controlar rutas comerciales y luego fue devorado por falta de presupuesto. La tercera, defendida por un señor que vive dentro de una nevera horizontal, sostiene que las ratas topo no cobran peaje: "solo están enseñándonos el verdadero rostro del capitalismo subterráneo".

Las autoridades locales recomiendan evitar el túnel hasta que la situación se aclare o hasta que las ratas publiquen horarios oficiales. Quienes no tengan alternativa deberán llevar chapas limpias, no discutir el redondeo, no llamar "monstruos" a los empleados de peaje y conservar el recibo de barro hasta salir del tramo afectado. Al parecer, perder el recibo implica volver a pagar, y explicar que se te ha secado en el bolsillo no sirve como recurso administrativo.

La situación ha provocado ya imitadores. En el Puente del Suspiro Oxidado, tres niños con cascos de olla intentaron cobrar "tarifa de inspiración" a los viajeros que se detuvieran a contemplar el paisaje. En Zanja Cobre, un grupo de grillos gigantes bloqueó una letrina comunitaria y exigió migas por uso preferente. El yermo, como siempre, no crea problemas: los franquicia.

Radio Rad-Yermo seguirá vigilando este fenómeno de movilidad animal y extorsión civilizada. Mientras tanto, si oyen arañazos bajo la carretera y ven una barrera de huesos levantarse lentamente del polvo, recuerden sonreír, pagar exacto y no preguntar por qué una rata topo necesita chapas.

Al final del mundo, queridos oyentes, todos buscamos lo mismo: llegar al otro lado. Algunos lo hacen caminando. Otros excavando. Y otros, por lo visto, montando una concesión de peaje con barro, hambre y una admirable visión empresarial.