EL COLEGIO DE CARTÓGRAFOS ADMITE QUE SUS MAPAS SE DESPLAZAN DE NOCHE
Por Rex Reverber, transmitiendo con una brújula que apunta a lo que más le conviene y un mapa que acaba de pedirme privacidad.
Atención, caminantes del polvo, caravanas con prisa y personas que todavía doblan los planos por las líneas correctas. El Colegio de Cartógrafos Ambulantes del Yermo ha reconocido esta mañana que varios de sus mapas certificados se desplazan de noche, cambian rutas, esconden pozos y, en al menos un caso documentado, dibujan una salida de emergencia hacia una conversación incómoda.
La admisión llega después de que tres caravanas comerciales amanecieran en lugares que no figuraban en sus propios itinerarios. La primera salió de Cruce Ceniza rumbo a Talón Quemado y despertó junto a un criadero abandonado de maniquíes fiscales. La segunda intentaba evitar una zona de saqueadores y terminó en una cola administrativa para renovar permisos de respiración. La tercera no se ha perdido exactamente: según su conductor, el mapa se perdió de ellos.
El decano provisional del Colegio, Anselmo Pliegue, explicó el problema desde una mesa cubierta de brújulas, chinchetas y papeles que intentaban arrastrarse hacia la sombra. Según Pliegue, los mapas más antiguos fueron impresos sobre papel recuperado de oficinas gubernamentales previas a la guerra, almacenes militares y servilletas de restaurantes donde la gente todavía creía en los horarios. La mezcla, sometida a radiación, humedad y décadas de consejos mal dados, habría desarrollado algo parecido a criterio propio.
El Colegio insiste en que no se trata de mapas vivos, sino de documentación geográfica con tendencias nocturnas. La diferencia, al parecer, es legal. Un mapa vivo tendría derechos, apetito y quizá representación sindical. Un documento con tendencias nocturnas solo necesita una grapa más fuerte y una cláusula de responsabilidad que nadie lee hasta que la carretera desaparece debajo de sus botas.
Los afectados no están conformes. Una mensajera asegura que su plano le cambió el nombre a tres pueblos para evitar que pudiera entregar una factura. Un buscador de chatarra denunció que su ruta hacia un depósito de motores fue sustituida por un dibujo muy detallado de su propia casa ardiendo, algo que el Colegio considera “cartografía emocional no solicitada”. En Paso Astilla, un niño descubrió que el mapa familiar había borrado la palabra cementerio y la había reemplazado por “zona de reuniones futuras”, lo cual no ha mejorado el ánimo de nadie.
Los cartógrafos defienden que el yermo nunca ha sido fácil de representar. Las dunas se mueven, los edificios se caen, las carreteras recuerdan cuando llevaban a sitios mejores y algunas montañas cambian de sitio solo para sentirse útiles. El problema nuevo es que los mapas han empezado a adelantarse a los cambios. Uno mostró un puente derrumbado dos días antes de que el puente se derrumbara. Otro señaló una cantina inexistente, y al tercer día apareció una cantina exactamente allí, atendida por un hombre que juraba llevar abierto desde siempre.
Como era inevitable, ha nacido un mercado secundario. Se venden fundas para dormir mapas, pesos de plomo cartográfico, tinta antiintuición y pequeñas correas para planos inquietos. Un vendedor afirma tener mapas obedientes, pero sus clientes dicen que solo son planos muy deprimidos. También circula una guía titulada Cómo hablar con su mapa sin parecer desesperado, aunque el autor se negó a dar entrevistas porque su índice escapó al mediodía.
La Oficina de Rutas Provisionales recomienda varias medidas: guardar los mapas boca abajo, no dejarlos cerca de ventanas, evitar insultar la escala y revisar cada mañana si el norte sigue siendo una opinión compartida. También aconseja no discutir con líneas de puntos. Las líneas de puntos parecen inofensivas, pero son las primeras en sugerir atajos.
Desde esta frecuencia proponemos prudencia. Un mapa siempre ha sido una promesa educada de que el mundo cabe en una mesa. En el yermo, las promesas educadas duran poco, sobre todo cuando alguien las dobla, las moja y las guarda junto a munición vieja. Si su plano tiembla, déjenlo respirar. Si cambia la ruta, pregúntenle por qué. Y si dibuja una cruz sobre el lugar donde ustedes están sentados, levántense con calma y finjan que iban a por café.
El Colegio asegura que publicará una edición corregida en cuanto consiga convencer a los mapas de que vuelvan. Hasta entonces, recuerden: perderse no siempre es culpa del viajero. A veces el camino también quiere probar suerte en otra parte.