LA COOPERATIVA DE POZOS SECOS VENDE AGUA EN DIFERIDO A PAGAR ANTES DE QUE LLUEVA

Por Rex Reverber, transmitiendo con la garganta llena de polvo, la cantimplora llena de promesas y la sospecha de que ambas cosas hidratan parecido.

Atención, supervivientes sedientos, comerciantes de sombra y optimistas con recibo: en el cruce de Tubería Partida acaba de inaugurarse la Cooperativa de Pozos Secos Unidos, una institución dedicada a vender agua en diferido. El servicio, según sus responsables, permite comprar hoy botellas vacías, garrafas numeradas y derechos de humedad futura, canjeables cuando vuelva a llover, cuando se derrita una nube o cuando el cielo supere su evidente bloqueo emocional.

La sede ocupa una caseta hecha con chapas de depósito, tuberías cortadas y un cartel que promete “hidratación responsable sin dependencia inmediata del líquido”. Detrás del mostrador, Don Calisto Cubalibre, tesorero provisional y único hombre capaz de pronunciar sequía como si fuera una oportunidad de negocio, explica que el modelo es sencillo: el cliente paga por adelantado, recibe un envase certificado y conserva la esperanza en posición vertical.

“Vender agua que ya existe es fácil”, declaró mientras golpeaba un pozo vacío con una llave inglesa. “Nosotros trabajamos con agua conceptual, agua pendiente, agua que todavía no se ha presentado a la vida laboral”. El público escuchó en silencio, quizá por respeto, quizá porque hablar demasiado reseca la lengua y en la cooperativa cobran por cada metáfora húmeda.

El primer producto se llama Botella Horizonte. Cuesta tres chapas y contiene, de momento, aire seco con certificado de intención. Por cinco chapas, la Garrafa Premium incluye una etiqueta, un número de turno y el derecho a mirar al cielo con prioridad administrativa. El plan familiar ofrece descuento para grupos de hasta cuatro personas, siempre que compartan la misma decepción y no beban antes de la fecha estimada de precipitación.

Las autoridades locales no saben si prohibirlo, gravarlo o imitarlo. El Consejo de Tubería Partida ha pedido un informe técnico sobre la legalidad de vender un recurso ausente. El informe concluye que, en el yermo, casi todo lo importante está ausente y aun así alguien lo cobra: seguridad, justicia, carreteras, medicina sin gritos, café sin personalidad propia. Por tanto, el agua futura no constituye estafa sino innovación de sequía.

No faltan clientes. Una fila de vecinos espera cada mañana con garrafas vacías, contratos arrugados y esa expresión que mezcla fe, insolación y contabilidad. Algunos compran por necesidad. Otros, por especulación: aseguran que si un día llueve, las botellas de primera emisión podrían revalorizarse como reliquias líquidas. Un mercader ya ofrece cambiar dos litros futuros por una lata presente de judías que, según él, contiene humedad emocional.

También han surgido críticas. La Asociación de Aguadores con Agua, organización pequeña pero muy ruidosa porque salpica al hablar, acusa a la cooperativa de devaluar el líquido real. “Nosotros cargamos cubos, reparamos filtros y nos muerden cosas en las acequias”, dijo su portavoz. “Ellos venden promesas con tapón de corcho. Así empezó todo antes de la guerra: primero los futuros, luego los derivados, después las explosiones y al final un señor cobrando por una botella vacía”.

Don Calisto rechaza las acusaciones. Asegura que cada contrato incluye cláusulas transparentes, aunque están escritas con tinta invisible para ahorrar humedad. El documento especifica que la entrega del agua dependerá de factores externos como nubes, presión atmosférica, voluntad divina, comportamiento de los clientes y que nadie vuelva a enfadar al pozo central llamándolo agujero inútil.

El pozo, por cierto, ha sido declarado socio honorario. No contiene agua desde hace ocho años, pero la cooperativa defiende que su vacío es precisamente lo que garantiza neutralidad. “Un pozo lleno crea falsas expectativas”, explicó el tesorero. “Un pozo seco, en cambio, nunca miente. Solo aplaza”.

Desde esta humilde emisora recomendamos prudencia. Si van a comprar agua en diferido, revisen que la botella no tenga agujeros, que el recibo no esté firmado por una nube falsa y que el vendedor no use la palabra ecosistema financiero antes de desayunar. En caso de sed extrema, recuerden que un contrato puede aliviar la ansiedad, pero sigue siendo mala idea intentar hervirlo.

La Cooperativa anuncia próximos productos: cubitos de hielo retrospectivo, lluvia de suscripción mensual y una línea de vapor invisible para clientes de lujo. Seguiremos informando si cae agua, si suben las tarifas o si el cielo presenta una demanda por uso indebido de su marca. Hasta entonces, cuiden sus cantimploras, compartan lo que tengan y desconfíen de cualquiera que les venda mañana en una botella. En el yermo, el futuro siempre llega seco y con intereses.