EL DISPENSARIO DE SANGRE TIBIA RECETA SOPA CALIENTE CONTRA LA TRISTEZA MAGNETICA
Por Rex Reverber, transmitiendo con una cuchara en el bolsillo, tres chapas pegadas al codo y una tristeza que, de momento, no atrae cubiertos.
Atencion, supervivientes con el animo oxidado y vecinos que ultimamente se despiertan cubiertos de cucharillas: el Dispensario Ambulante de Sangre Tibia ha anunciado un nuevo protocolo medico para tratar lo que sus facultativos llaman tristeza magnetica, una dolencia cada vez mas comun entre quienes han cruzado tormentas de chatarra ionizada sin sombrero, paraguas de plomo o una excusa convincente.
Segun el cartel clavado en la puerta trasera del consultorio, los sintomas incluyen melancolia persistente, tendencia a mirar las latas vacias como si fueran familiares perdidos, atraccion involuntaria de cubiertos, balas perdidas, tuercas pequenas y relaciones toxicas de corto alcance. En casos graves, el paciente puede quedarse pegado a neveras antiguas, puertas blindadas o conversaciones sobre el pasado que nadie pidio reabrir.
La doctora Almendra Punzante, responsable del dispensario, asegura que la enfermedad no debe confundirse con la tristeza normal del yermo, que suele responder a descanso, agua sin demasiada personalidad y evitar a antiguos amantes armados. La tristeza magnetica, explica, tiene un componente fisico: "No es solo que el alma pese. Es que ademas atrae metal barato".
El tratamiento recomendado es sencillo, barato y sospechosamente reconfortante: tres cuencos de sopa caliente al dia, una manta seca, reposo lejos de depositos de municion y diez minutos de conversacion con alguien que no intente venderte una mejora espiritual en cuotas. La sopa oficial del dispensario contiene raices, grasa de brahmin, sal recuperada y una cantidad de hierro que la doctora describe como "emocionalmente negociable".
Los primeros pacientes han mostrado resultados variados. Un chatarrero de Paso Remache dejo de atraer clavos despues del segundo cuenco, aunque comenzo a llorar cada vez que alguien mencionaba una bisagra. Una vigia de Torre Cansada recupero la movilidad de las manos, pero todavia se le pegan cucharas a la espalda cuando escucha musica lenta. El caso mas celebrado es el de Don Filtro, un anciano que llevaba cinco dias unido a una tostadora sentimental y que ahora solo mantiene una relacion cordial con ella los domingos.
No todo el mundo confia en el diagnostico. La Hermandad de Hipocondriacos Prudentemente Armados afirma que la tristeza magnetica no existe y que se trata de una estrategia para vender caldo recalentado a precio de medicina. Por su parte, el Gremio de Herreros Empaticos defiende la teoria contraria: que todo el mundo esta un poco magnetizado desde la guerra, pero algunos tienen mejor educacion y no arrastran sartenes por la calle.
Las autoridades sanitarias, si podemos llamar autoridades a tres personas con batas distintas y un sello mordido, recomiendan acudir al dispensario si se detecta atraccion metalica repentina, nostalgia con zumbido interno o ganas de disculparse ante electrodomesticos. Tambien aconsejan no abrazar a pacientes durante una tormenta electrica, no almacenar granadas cerca de personas emocionalmente vulnerables y no usar imanes gigantes como metodo diagnostico casero.
El mercado negro ya ha reaccionado. En varias rutas se venden amuletos antitristeza hechos con tapas de conserva, infusiones desimantadoras y unas galletas llamadas "Corazon de Plomo Ligero" que, segun el envoltorio, curan la pena, el oxido y el recuerdo de ciertas canciones. El Dispensario de Sangre Tibia niega cualquier relacion con esos productos, aunque su enfermero jefe fue visto comprando seis cajas "para investigacion".
Desde Radio Rad-Yermo recomendamos prudencia, sopa si hay, y una distancia razonable de objetos punzantes cuando el alma empiece a tirar hacia abajo. El yermo ya tiene suficientes formas de rompernos sin necesidad de que las cucharas se organicen en nuestra contra.
Si notan que su tristeza hace ruido al pasar junto a una caja de herramientas, no se hagan los fuertes. Busquen caldo, sombra y alguien que sepa escuchar sin facturar por minuto. Al fin y al cabo, queridos oyentes, sobrevivir no consiste solo en no morir. A veces consiste en despegarse poco a poco de lo que nos mantiene clavados.