EL SHERIFF DE CHATARRA SECA DECLARA ILEGAL MIRAR FIJAMENTE AL HORIZONTE
Por Rex Reverber, desde una cabina inclinada donde el horizonte entra por la ventana aunque nadie le haya dado permiso.
Atención, habitantes de Chatarra Seca y alrededores: desde esta mañana queda prohibido mirar fijamente al horizonte durante más de siete segundos sin licencia municipal, testigo sobrio y justificante de propósito visual. La medida ha sido aprobada por la oficina del sheriff después de una cadena de duelos, discusiones filosóficas y accidentes con escupideras provocados, según el acta oficial, por “contemplaciones prolongadas de carácter sospechoso”.
El sheriff Mordisco Lane, conocido por su placa oxidada, su bigote desigual y su costumbre de disparar primero a los formularios, explicó la nueva ordenanza desde el porche de la antigua ferretería. “En este pueblo se mira lo justo”, declaró. “Uno puede mirar una puerta, una deuda, un vaso o a un enemigo razonable. Pero cuando un vecino se queda mirando el horizonte, nadie sabe si está pensando, retando o recordando algo que nos conviene tener enterrado”.
La crisis comenzó el pasado jueves, cuando dos buscadores de agua se encontraron en la calle principal al atardecer. Ambos miraban hacia el oeste. Ambos creyeron que el otro estaba mirando más lejos. La tensión escaló hasta convertirse en un duelo formal, interrumpido únicamente porque ninguno recordaba si debía disparar al contrincante o al concepto de destino. El médico local diagnosticó “melancolía balística leve” y recomendó reposo, vendas y menos poesía.
Desde entonces se han registrado doce incidentes similares. Un panadero fue acusado de desafiar al sol. Una anciana recibió una multa por observar “el más allá municipal” desde su mecedora. Un niño fue reprendido por preguntar qué había detrás de las montañas, pregunta que el consejo considera peligrosa porque podría fomentar excursiones, mapas o esperanza.
La nueva normativa establece tres categorías. Mirada casual: hasta tres segundos, sin coste. Mirada reflexiva: entre cuatro y siete segundos, permitida si el ciudadano no suspira. Mirada existencial: ocho segundos o más, requiere licencia, tasa de dos chapas y una declaración jurada de que no se está planeando abandonar el pueblo, iniciar una religión o retar a nadie a muerte por motivos atmosféricos.
Los comerciantes han reaccionado con rapidez. La tienda general ya vende gafas de cortesía con cristales opacos hacia el oeste. La cantina ofrece mesas “sin tentación panorámica”. Incluso el enterrador ha lanzado una promoción: “Si miraste demasiado lejos, nosotros te traemos de vuelta cerca”. En Chatarra Seca, el capitalismo no duerme; solo se agacha cuando silban las balas.
No todos están conformes. La Asociación de Viudas que Aún Miran Algo ha presentado una queja, argumentando que el horizonte es propiedad común de quien haya sobrevivido lo suficiente para verlo. “Nos quitaron el agua limpia, los trenes y la música sin interferencias”, dijo su portavoz, Doña Calamina. “Si ahora también nos quitan mirar al lejos, ¿qué nos queda? ¿Mirar al sheriff? Eso sí que debería requerir permiso”.
Radio Rad-Yermo intentó consultar a un experto en psicología de frontera, pero el único disponible se encontraba tumbado boca abajo en el suelo para evitar cualquier estímulo horizontal. Desde allí explicó que el horizonte produce efectos secundarios conocidos: nostalgia, ganas de marcharse, frases profundas y, en casos graves, planes. En el yermo, los planes suelen ser la antesala elegante de una emboscada.
Por ahora, los alguaciles patrullan con cronómetros de cocina y silbatos hechos de casquillos. Si sorprenden a alguien mirando demasiado, emiten una advertencia: “Baje la vista o declare sus intenciones”. En caso de reincidencia, el infractor deberá pasar una hora observando una pared de chapa sin metáforas.
Así que ya saben, amigos: en Chatarra Seca caminen con la barbilla baja, saluden sin profundidad y reserven sus grandes preguntas para interiores mal ventilados. El horizonte seguirá ahí, como siempre: prometiendo respuestas que no piensa entregar y cobrando por adelantado en tragedias pequeñas.