CARAVANA DESAPARECE TRAS SEGUIR UNA SEÑAL DE RADIO FANTASMA
Por Rex Reverber, transmitiendo con una mano en el dial y la otra sujetando una taza que quizá fue café antes de la segunda mutación.
Buenas noches, caminantes del polvo, comerciantes de mala suerte y oyentes que todavía creen que las luces en el horizonte son pueblos y no advertencias. Tres caravanas del corredor del Mojave han desaparecido esta semana después de desviarse de la ruta marcada para seguir una señal de radio que, según varios testigos, emitía música previa a la guerra, anuncios de productos que ya no existen y una petición de auxilio repetida con la cortesía de quien lleva dos siglos esperando.
La primera caravana, propiedad del Consorcio de Ruedas Honradas —nombre que ya debería haber activado varias alarmas— perdió contacto el martes al caer la tarde. Su última transmisión fue breve: “Estamos oyendo una canción muy bonita desde la vieja repetidora. Si tardamos, es porque hemos encontrado sombra”. Después se escucharon tres compases de una orquesta oxidada y algo parecido a una risa dentro de una lata.
La segunda caravana salió a buscar a la primera, lo cual demuestra que el optimismo sigue siendo una enfermedad resistente a la radiación. Encontraron marcas de neumáticos que abandonaban la carretera principal y seguían hacia una torre de radio que no figura en los mapas recientes. También hallaron una caja de conservas abierta, una brújula apuntando hacia abajo y un cartel escrito a mano: “NO APAGUEN LA MÚSICA”.
La tercera caravana desapareció ayer. Esta vez iba acompañada por dos escoltas, un rastreador y un técnico de antenas que aseguraba haber sobrevivido a tres matrimonios y por tanto no temer a ninguna frecuencia. Su último mensaje fue recogido por un pastor de brahmin a varios kilómetros: “La repetidora nos conoce por nombre. Dice que trae noticias de casa”.
Radio Rad-Yermo ha revisado fragmentos de la señal, captados durante la madrugada entre estática y silbidos. La emisión alterna canciones antiguas, números de lotería caducados, anuncios de crema dental radioactiva y una voz femenina que pide ayuda desde “la sala de espera”. El problema, queridos oyentes, es que nadie ha encontrado una sala de espera en medio de ese tramo del desierto. Aunque, siendo justos, el yermo entero parece una sala de espera para algo peor.
Varios ancianos de Poblado Fusible aseguran que la repetidora pertenecía a una red militar de emergencia, diseñada para guiar evacuaciones durante los primeros días del desastre. Otros sostienen que era una emisora pirata que vendía mapas falsos, pronósticos sentimentales y seguros contra meteoritos. Un tercer grupo, formado por un hombre con un casco de aluminio y dos gallinas muy nerviosas, insiste en que la torre transmite desde “el futuro que nos salió mal”.
Lo más inquietante no es la señal. Lo inquietante es que, cada vez que alguien intenta bloquearla, aparece en otra frecuencia, más cerca, más limpia, como si estuviera aprendiendo el camino hasta nuestros receptores. A las 03:17 de esta mañana, mi propio equipo captó una frase que no estaba en las grabaciones anteriores: “Rex, deja de fingir que no recuerdas el mapa”. Naturalmente, he respondido como cualquier profesional serio del periodismo radiactivo: he apagado la luz, he culpado al generador y he cambiado de tema durante veinte minutos.
Las autoridades de ruta recomiendan no seguir música desconocida, no responder llamadas de auxilio emitidas por aparatos sin batería y, sobre todo, no confiar en torres que prometen atajos emocionales. Si viajan por el corredor del Mojave y oyen una melodía dulce saliendo del polvo, mantengan la dirección, suban el volumen de sus propios motores y reciten en voz alta la lista de personas a las que todavía deben dinero. Nada ancla mejor a la realidad que la deuda.
Seguiremos informando si las caravanas regresan, si la señal se identifica o si alguien encuentra esa maldita sala de espera. Hasta entonces, recuerden: en el yermo, no toda voz que pide ayuda quiere ser rescatada. Algunas solo buscan compañía para perderse mejor.